Las autoridades locales y líderes de la sociedad civil confirmaron este sábado que el número de víctimas mortales tras el deslizamiento de tierra en la mina de Rubaya, al este de la República Democrática del Congo (RDC), ha pasado de 45 a más de 200 personas.
Crónica del desastre en la zona minera
El colapso ocurrió el pasado jueves en el territorio de Masisi, una región rica en coltán. Las lluvias persistentes en la zona debilitaron el terreno, provocando que los pozos artesanales cedieran y sepultaran a cientos de trabajadores.
La mayoría de los fallecidos son mineros artesanales, pero el alud también arrastró a pequeños comerciantes y transeúntes que se encontraban en las rutas hacia los ríos Mumba y Rushog.
Telesphore Nitendike, presidente de la sociedad civil de Masisi, denunció que la población local está recuperando los cadáveres con sus propias manos y herramientas rudimentarias, debido a la ausencia total de equipos de rescate especializados.
Contexto de conflicto y control rebelde
La mina siniestrada se encuentra bajo el dominio del Movimiento 23 de Marzo (M23), grupo rebelde que tomó el control de la capital provincial, Goma, a principios de 2025.
El coltán extraído en estas minas financia gran parte del conflicto armado que desangra el este del Congo desde finales de la década de los 90.
La falta de regulación y las condiciones infrahumanas de las minas controladas por grupos armados hacen que este tipo de derrumbes sean recurrentes, aunque rara vez con un saldo tan mortal.
Un mineral con rastro de sangre
Esta catástrofe pone nuevamente bajo la lupa la cadena de suministro de las grandes empresas tecnológicas. Mientras el mundo demanda más coltán para la fabricación de teléfonos inteligentes y baterías, los mineros en Kivu del Norte siguen operando en pozos inestables, en medio de una guerra civil y bajo un suelo que se vuelve mortal con cada temporada de lluvias.
La comunidad internacional observa con preocupación cómo la falta de asistencia estatal en los territorios controlados por el M23 agrava el sufrimiento de los civiles, quienes hoy lloran a más de dos centenares de víctimas en las profundidades del barro.
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