En una maratónica intervención este martes por la noche ante el Congreso, Donald Trump se ha aferrado a la idea de unos Estados Unidos boyantes gracias a sus políticas económicas. El presidente, con los índices de popularidad por los suelos, se ha aferrado a la trillada idea de la «época dorada» y otras proclamas similares que ya empiezan a ser más bien coletillas en sus intervenciones. El discurso de una hora y cuarenta y un minutos – el más largo de la historia del país- ha estado preñado de ataques contra los inmigrantes, los demócratas y el Tribunal Supremo por su sentencia sobre los aranceles.
«Nuestra nación ha vuelto, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca. […] Y no habéis visto nada igual, todavía tenemos que hacerlo mejor y mejor y mejor. Esta es la época dorada de América», dijo Trump, que dedicó la primera hora de su intervención a defender su gestión para hacer el país asequible para los ciudadanos, pese a que los datos de la economía muestran lo contrario: la inflación se mantiene; la comida, el gas y los alquileres siguen al alza y los precios para los consumidores continúa todavía un 25% más alto que hace cinco años.
“Hoy nuestra frontera es segura, nuestro espíritu se ha restaurado. La inflación está cayendo en picado, los ingresos aumentan rápidamente. La economía en auge ruge como nunca antes, y nuestros enemigos tienen miedo. Nuestras fuerzas armadas y la policía están reforzadas, y América vuelve a ser respetada”, dijo Trump, que tiene asediado militarmente Irán mientras sopesa si lanza un ataque controlado a pesar de que el Pentágono le recomienda no hacerlo. «Optaré por la paz siempre que pueda, pero nunca dudaré en enfrentarme a las amenazas para América», ha dicho el presidente citando la Operación Martillo de Medianoche con la que bombardeó las instalaciones nucleares iranianas.
Trump ha presumido de músculo militar a la vez que se jactaba de su rol como supuesto pacificador, y no ha dudado en citar a Venezuela como un «socio y amigo» en la explotación de petróleo. Una hipérbole mayúscula que obvia la intervención militar de Washington en Caracas, el secuestro de Nicolás Maduro y la pretensión de instaurar un protectorado en la sombra bajo amenaza de nuevos ataques.
El presidente no perdió oportunidad de atacar al expresidente Joe Biden -a pesar de que hace más de un año que no gobierna- y a los demócratas afirmando que los estados demócratas llevan inmigrantes sin papeles a votar para ganar votos. Todo en previsión de que las elecciones de medio término en noviembre no le sean favorables.
«Quieren hacer trampas. Ya las han hecho, y su política es tan mala que la única manera que tienen de ganar las elecciones es haciendo trampas, y lo pararemos. Lo tenemos que parar, John», dijo Trump en referencia a la Save Act, el proyecto de ley que quiere aprobar en el Congreso para exigir pruebas de ciudadanía a los votantes.
Buena parte de los congresistas demócratas han hecho el vacío a Trump y no han asistido al acto. El representante de Texas, Al Green, volvió a protestar contra el presidente al inicio de la sesión. El año pasado ya fue amonestado por interrumpir el discurso de Trump, y este martes ha sido expulsado de la cámara. Greene llevaba un cartel hecho a mano que decía: «¡Los negros no son monos!». La frase es una referencia al vídeo racista que Trump publicó en Truth Social con las caras de Barack Obama y Michelle Obama pegadas a las de unos monos.
Trump, visiblemente molesto porque el resto de demócratas que había en la cámara ni se levantaban ni lo ovacionaban, los ha etiquetado de «locos». «Nadie se levanta», ha dicho señalándolos. «Esta gente está loca, os lo digo. Está loca. Los demócratas están destruyendo este país, pero los hemos frenado justo a tiempo».



