El presidente de Colombia, Gustavo Petro, respondió al Gobierno de Estados Unidos con un enfático desafío tras la revocatoria de su visa, desestimando la medida y cuestionando si Nueva York debe continuar siendo la sede de las Naciones Unidas.
La suspensión de la visa se produjo luego de la participación de Petro en una manifestación propalestina en Nueva York, donde el mandatario instó a los soldados estadounidenses e israelíes a no ser «cómplices» de lo que calificó como un genocidio en Gaza. El Departamento de Estado justificó la acción acusando al mandatario colombiano de «incitar a la violencia».
Censura Diplomática y Derecho Internacional
El presidente Petro intensificó su crítica, señalando que la decisión de EE.UU. socava el espíritu de diálogo de la ONU.
«El que no se haya permitido la entrada al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, y el que se me quite la visa por pedirle al ejército de EE.UU. y de Israel que no apoyen un genocidio, demuestran que el gobierno de EE.UU. ya no cumple con el derecho internacional», fustigó Petro a su regreso a Bogotá.
En este contexto, el mandatario colombiano planteó una pregunta de fondo: «La sede de Naciones Unidas no puede continuar en Nueva York», sentenció, argumentando que el país anfitrión utiliza su poder de visado para «silenciar voces incómodas» y ejercer represalia política.
«No Me Importa»: El Impacto de la Medida
Petro minimizó el impacto personal de la revocatoria de la visa, citando su doble ciudadanía. «No necesito visa sino ESTA, porque no solo soy ciudadano colombiano sino ciudadano europeo, y en realidad me considero una persona libre en el mundo», afirmó.
Más allá de los aspectos técnicos, el episodio es interpretado por sectores de la diplomacia como un intento de censura que socava la soberanía latinoamericana y los principios universales de justicia. La postura de Petro representa una defensa de la libertad de expresión en foros internacionales frente al uso del poder migratorio como herramienta de castigo.
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