El hallazgo del cuerpo de una niña de tres años, dentro de un saco de café en una vivienda del poblado de Mingueo, La Guajira colombiana, desató una brutal represalia popular; la comunidad en multitud asesinó a un adolescente venezolano, señalado por los vecinos como el presunto responsable del crimen, sin que mediara un juicio ni pruebas oficiales.
Linchamiento y Negativa a la Intervención Policial
El individuo, cuya única evidencia pública en su contra era haber residido en la casa donde se encontró el cadáver de la menor, fue rápidamente interceptado, golpeado y retenido por los habitantes del poblado.
Cuando la Policía intentó intervenir para solicitar la entrega del retenido y evitar que la confrontación escalara, la multitud se opuso firmemente: «Aquí no lo van a soltar», fue la respuesta de los vecinos.
En un acto de justicia por mano propia que rebasó los límites legales, un grupo de hombres en motocicleta se llevó al joven hacia la parte alta del corregimiento.
Los pobladores decapitaron al sospechoso, y colocaron su cabeza en una estaca a la entrada de la población como una advertencia pública. Abandonaron su cuerpo en un monte cercano junto a un cartel que lo señalaba como el responsable de la muerte de la niña y que advertía: “aquí se paga con la vida”.
Antes de ejecutarlo, el joven negó su responsabilidad, asegurando que «un amigo» había cometido el crimen, pero sin aportar detalles que sustentaran su coartada. Medios colombianos señalan que el venezolano había llegado al poblado el 24 de noviembre y se hizo pasar por evangélico para conseguir posada en la vivienda de los hechos.
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