El premio AENA Narrativa Hispanoamericana, que distingue al mejor libro publicado en 2025, con una dotación de un millón de euros, fue ganado por la escritora argentina Samanta Schweblin por su libro de cuentos El Buen Mal. El jurado, estuvo conformado por los escritores Rosa Montero, quien lo presidio; Leila Guerriero, Jorge Fernández Díaz, Elmer Mendoza, Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, y el presidente de AENA, Mauricio Lucena. AENA es una empresa pública española y primera operadora aeroportuaria del país, que depende del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Hecho que tomaron en cuenta quienes criticaron la “abultada” cifra del premio.
“Los premios privados tienen como objetivo promocionar un libro y una editorial y recuperar lo invertido. De lo que estoy en contra es del uso de dinero público de forma tan… obscena», escribió Carmen Domingo en una columna de opinión publicada en el diario español El País.
Por su parte, y en el mismo medio, el escritor español Sergio del Molino sostuvo que “en el moralista mundo cultural molesta que un agente externo rompa el ambiente de pobretería en el que hemos de vivir los escritores si aspiramos a la pureza literaria”. “La crítica al premio se argumenta de mil maneras, pero todas operan sobre un fondo social de desprecio a la cultura tan generalizado, que afecta al mismo mundo literario, donde abundan los franciscanos que reclaman un voto de pobreza. Asquea tanto el dinero en la literatura, que son legión los que trabajan gratis”, agregó.
“Que la cuantía del galardón sea tan grande indica, obviamente, que lo que importa es la literatura y no el dinero”, escribió Daniel Gascón en El Periódico.
En la ex Twitter y actual X el asuntó siguió. El autor Jorge Corrales comparó el campo literario con el audiovisual (donde “no es que sea una desdicha en cuanto a la precariedad, pero la gente comenta cuánto gana”) y agregó una cruda verdad: “Yo puedo ganar más dinero por hacer un vídeo en redes que por escribir una novela. Pero, para desgracia de mi cuenta corriente, a mí lo que me gusta es escribir”. “Por eso, cuando anunciaron el premio AENA, me alegré porque existe la posibilidad de que algún escritor puede salir de pobre y dedicarse solo a escribir. Me encantaría que el dinero viniera de un filántropo o mejor, de que al Ministerio de Cultura le sobrase el dinero, pero aún así…“, añadió.
El escritor argentino Martín Caparrós, recientemente galardonado con un doctorado Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara de México por su labor literaria, dijo: “Es cierto: muchos escritores consideramos vulgar hablar de dinero. En una época me daba risita; ahora, en este mundo donde todo es plata, me da orgullo. Los 5 finalistas del millón y muchos otros escritores vivimos del trabajo que haríamos gratis: es un gran privilegio. Parece que no te imaginas lo maravilloso que es hacer lo que uno quiere sin pensar en plata: sabiendo que vas a ganar lo suficiente para vivir, y ya”. “Ninguno necesita un millón “para sobrevivir”, y me da mucha pena que ese tipo guarango, prepotente de dinero se mezcle con la buena literatura», dijo también y concluyó: “Ese millón no le sirve a “la literatura”; le sirve a Aena para que tú y yo y tantos otros estemos hablando de ellos ahora. ¿Hay algo más opuesto a la literatura que la propaganda?»
Lo cierto es que el monto de los premios literarios, buena parte de ellos bastante pobres, han dado mucho de qué hablar últimamente.
El premio de literatura con mejor pago está en Emiratos Árabes Unidos, se llama 1 Million’s Poet, es un concurso de poesía televisado y otorga aproximadamente 1.3 millones de dólares al ganador. Le siguen el Premio Nobel de Literatura, el más prestigioso de todos, que otorga la Academia Sueca (Svenska Akademien) y el Premio Planeta de Novela de España, ambos con un millón de euros.
Luego el Premio Memorial Astrid Lindgren enfocado en literatura infantil y juvenil que entrega unos 435.000 euros, el Premio Internacional Ibsen para dramaturgos que otorga aproximadamente 215.000 euros y el premio Cervantes de Literatura, para escritores de habla hispana, que han ganasdo entre otros; Alejo Carpentier (1977), Jorge Luis Borges (1979), Mario Vargas Llosa (1994) y Rafael Cadenas (el primer venezolano en obtenerlo 2022) con 125.000 euros para su última edición. Después está el terreno de la especulación: el Premio Goncourt de Francia, que garantiza ventas millonarias al ganador, entrega un cheque simbólico de solo 10 euros.
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