Luis Doncel/ EL PAÍS/Nueva York
Conviene memorizar el nombre Abdul El-Sayed. Este médico de 41 años hijo de inmigrantes egipcios acaba de lograr una importantísima victoria por la que hace poco nadie apostaba y que promete tener profundas consecuencias en el futuro del Partido Demócrata. La ola de candidatos progresistas en la estela de Zohran Mamdani en Nueva York, comprometidos con asuntos como las dificultades de la clase trabajadora en un país con los precios disparados y con la denuncia de las matanzas de Israel en Gaza, llega ahora a Míchigan, uno de esos Estados centristas donde se decide quién será el próximo presidente de Estados Unidos.
Por una diferencia ajustadísima y tras un recuento que se alargó toda la noche, El-Sayed finalmente se impuso en las primarias para el Senado en Míchigan. Es un hito que se explica por dos motivos: el carisma del protagonista, que aspira a hacer historia al convertirse en el primer senador musulmán, y los vientos de cambio que revolucionan el partido de Barack Obama y Joe Biden. “Mi historia en Estados Unidos es de lo más improbable que pueda haber”, declaró este miércoles al conocer la victoria.
Siendo mucho lo que ha hecho hasta ahora, El-Sayed se enfrenta ahora a una tarea hercúlea. Porque no será fácil que un perfil como el suyo en un Estado bisagra como Míchigan convenza al electorado el próximo 3 de noviembre. Lo primero que tiene que hacer es unificar un partido que se ha partido en dos en esta batalla: el 48,5% de los demócratas votaron por él, que pretende acabar con la ayuda militar a Israel. Y el 47,5% fue a Haley Stevens, la congresista respaldada por el establishment del partido y por el lobby israelí, que inundó la campaña con 30 millones de dólares [unos 26 millones de euros]. La diferencia entre uno y otra, al final, fue de menos de 15.000 votos.
Curar las heridas en el partido no será fácil. Pero tanto El-Sayed como Stevens se han puesto a la labor nada más conocer los resultados. El ganador, que durante la campaña describió a su rival como “la candidata menos capacitada” del país, asegura ahora que es una de las “servidoras públicas más comprometidas” y que les unen muchas más cosas de las que les separan. Y la congresista, que insinuó cierto antisemitismo de El-Sayed, confirmó tras conocer los resultados que hará todo lo posible para que el Senado pase a manos de los demócratas.
Demografía complicada
El-Sayed se enfrenta también a una demografía complicada en un Estado con una gran cantidad de musulmanes, que se han lanzado en masa a votarlo. También le han respaldado muchos jóvenes y titulados universitarios. Pero tiene más problemas con la comunidad afroamericana y los trabajadores sin estudios superiores, que mayoritariamente votaron por su rival. Tendrá, además, que convencer a la ciudadanía de que las críticas al Gobierno de Benjamín Netanyahu no suponen en ningún caso una concesión al antisemitismo. Él responde con frases como esta: “Quiero que mis hermanos y hermanas judíos estadounidenses sepan que mi compromiso con su seguridad es el mismo que tengo con la seguridad de mis propias hijas”.
A su favor tiene un carisma que ha demostrado en esta campaña. Stevens parecía sacada del manual de político tradicional, y solo consiguió destacar con un vídeo en el que mostraba un fuerte ―algunos dijeron que impostado― acento del Medio Oeste con el que trataba de demostrar que ella era tan de Míchigan como se puede ser. Él, en cambio, ha inundado la campaña de imágenes reuniéndose con todo tipo de personas, en unos vídeos que parecían más naturales, y en los que a veces aparecía levantando pesas en un gimnasio ―asegura levantar 350 libras, unos 142 kilos en press de banca― o bailando coreografías con versiones de cantantes como Whitney Houston y Taylor Swift.
Los republicanos ya se están frotando las manos. Creen que tienen más posibilidades de ganar este Estado contra un candidato como El-Sayed, al que ya acusan de todas las atrocidades posibles. Entroncan las críticas con su discurso de que el socialismo es ahora mismo el mayor riesgo que se cierne sobre Estados Unidos. El presidente Donald Trump fue muy rápido en reaccionar. A los pocos minutos de conocer los resultados finales, ya tenía su mensaje en Truth redactado: “Un comunista fracasado que odia a los judíos y a Israel se perfila como el ganador (…). ¡Ahora, las políticas descabelladas de los ‘tontócratas’ no harán más que empeorar!”.
Esta batalla es especialmente importante porque el escaño del Senado en disputa está ahora en manos de los demócratas. Si estos lo perdieran, su plan de hacerse con la Cámara alta se complicaría mucho. La teoría política habitual afirmaría que una centrista como Stevens tendría más posibilidades de ganar unas elecciones generales en un Estado como Míchigan. Pero las dos victorias de Trump y la de políticos progresistas o socialistas a lo largo del país siembran dudas sobre que ese principio siga vigente.
El-Sayed se ha impuesto en Míchigan con el apoyo de iconos de la izquierda como el senador Bernie Sanders o la congresista Alexandria Ocasio-Cortez. Para ella lo que ocurra dentro de tres meses será una buena prueba para ver si hay agua en la piscina por si piensa tirarse a la aventura de presentar una candidatura presidencial en 2028. Porque si un candidato de origen extranjero, musulmán y con ideas que hasta hace poco parecían radicales a una mayoría de estadounidenses puede ganar en un Estado centrista como Míchigan, quizás no es descabellado que una socialista como ella podría intentar algo similar en todo el país. Para conocer la respuesta a esta pregunta habrá que esperar al próximo 3 de noviembre.



