Después de una década de crisis política y alta criminalidad, Keiko Fujimori asumió la presidencia del Perú, este martes 28 de julio.
El desafío de la hija del exmandatario Alberto Fujimori (+) quien estuvo 16 años preso por corrupción y asesinato, es lograr la estabilidad y acabar con el crimen, en un país donde las denuncias por extorsiones pasaron de 2.421 en 2019 a 26.734 en 2025, según datos oficiales.
Keiko Fujimori ganó en su cuarto intento por llegar a la Presidencia, tras imponerse en junio en un reñido balotaje a Roberto Sánchez con los votos decisivos del extranjero.
Al sumir su cargo, dijo que recibió un país “marcado por el abandono” y “un Estado debilitado por la improvisación”, con una ineficiencia estatal estimada en 40.000 millones de soles (11,75 millardos de dólares) al año.
También afirmó que “el diagnóstico de nuestra patria es complejo y doloroso” y que ha recibido “un Estado a la deriva por la carencia de una visión estratégica” que atienda a los pobladores más necesitados.
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