El ejército de Israel puso fin entre la noche del miércoles y la madrugada del jueves a la Global Sumud Flotilla, la misión que intentaba llevar por vía marítima ayuda humanitaria a Gaza para tratar de romper el bloqueo al que está sometida la Franja. A última hora de la tarde, y en menos de dos horas, las Fuerzas de Defensa de Israel tomaron el control de los tres principales barcos de la flotilla, con un total de 90 pasajeros: Alma, en el que viajaba toda la dirección de la misión (también la activista sueca Greta Thunberg, de quien el Gobierno israelí ha compartido imágenes de su detención), Sirius, en el que iba la ex alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y Adara, con unos 25 pasajeros.
Los soldados israelíes han acabado con la misión humanitaria tras una travesía de un mes y cuando estaba, según informó la flotilla, a 70 millas náuticas (129 kilómetros) de las costas de Gaza.
En la mañana de este jueves, solo cuatro de los 44 barcos de la flotilla —dos de ellos de soporte legal— seguían “navegando”, según los datos de la organización. No obstante y según las webs de rastreo marítimo, estas embarcaciones permanecían quietas, previsiblemente a las espera del abordaje. Sobre las dos de la tarde de este jueves (hora de España), las autoridades israelíes dieron por finalizadas las operaciones de interceptación.
Como ya ocurrió en anteriores ocasiones, todo ha sucedido en aguas internacionales, cuando la flotilla se aproximaba a la costa del enclave palestino, una circunstancia que viola el derecho internacional. La operación israelí ha acabado con la misión sin que lograra alcanzar las costas de la Franja. El Ministerio de Exteriores de Israel confirmó el miércoles haber “detenido varios barcos de la flotilla” y señaló que la operación transcurrió “de forma segura” y que los “pasajeros están siendo trasladados a un puerto israelí”.
La Global Sumud Flotilla estaba integrada por 44 barcos con 530 tripulantes a bordo en el momento de la intervención de las fuerzas israelíes. El Gobierno de Israel, que ha calificado en varias ocasiones a la misión como la “flotilla de Hamás”, argumenta que se dirigían hacia una zona de conflicto.
En la mañana del miércoles, cuando la mayoría de los barcos ya se encontraban a unas 115 millas náuticas (poco más de 200 kilómetros) de Gaza, la “zona de alto riesgo de interceptación”, los integrantes detectaron un “incremento de la actividad de drones” y la puesta en práctica de los primeros actos de intimidación de la Fuerza Naval israelí.
Tras estas actuaciones y sin dejar de avanzar hacia la costa palestina, los pasajeros a bordo de las embarcaciones estaban alerta, conscientes de que el abordaje era inminente. El primero en ser interceptado fue el Alma, barco con bandera británica en el que viajaba el comité de dirección y la activista Greta Thunberg. Tras ser rodeado por navíos israelíes, ha perdido la comunicación. Después vino el Sirius, el barco con Ada Colau, y a continuación el Adara.
En ese momento, la totalidad de los protocolos se habían activado. En primer lugar, los integrantes de los barcos tiraron al agua todos los dispositivos electrónicos. El objetivo era que Israel no obtuviera ninguna información sobre todas las personas involucradas en la misión, tanto a bordo como desde tierra, para no exponerlos a posibles represalias. Buscaban evitar revelar la identidad del capitán o del coordinador. También se tiraron al agua todos los objetos que pudieran ser utilizados para ejercer violencia, como cuchillos de cocina, anzuelos, herramientas u otros elementos contundentes.
Cuando los soldados se aproximaron a los barcos, toda la tripulación se puso el chaleco salvavidas, acudió a la zona más amplia del navío y esperó el abordaje con las manos en alto y el pasaporte en el bolsillo. Para evidenciar el carácter no violento de la misión, no estaba permitida la interacción directa o el contacto visual con los militares. A todos se les había dicho que obedecieran las órdenes. Si una persona iba a ser aislada, se recomendó evitarlo agarrándola por las piernas, pero siempre con las manos visibles y sin movimientos bruscos.
Debido a que la interceptación se produjo en aguas internacionales y, por tanto, muy lejos de la costa, es previsible que queden varias horas hasta que los navíos lleguen a tierra.
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Se desconoce que trato recibieron los participantes en la flotilla interceptados. En anteriores misiones, como el Madleen el pasado mes de junio, las 12 personas a bordo fueron obligadas a pasar la noche en cubierta, mientras los militares registraban el barco. Cuando se hizo de día, les permitieron la entrada al interior del navío. La organización recomendaba no coger ni comer los alimentos que los soldados ofrecieran.
Una vez los participantes lleguen a puerto, se abren diferentes escenarios para los detenidos. De seguir Israel el mismo proceder que en la anterior intervención de la flotilla en junio, tras pisar tierra firme, los detenidos serán dirigidos hacia una comisaría de migraciones, acusados de haber intentado entrar en el país de forma ilegal. Allí les esperará el equipo de abogados de la flotilla, ya prevenidos para actuar y con los permisos de representación firmados previamente por los participantes. Algunos ciudadanos, como los españoles, contarán además con apoyo consular, mientras que otros, como los británicos o los estadounidenses, han recibido la advertencia de que no recibirán este respaldo por no haber seguido la recomendación de abandonar la misión con anterioridad.
A los detenidos les ofrecerán firmar diferentes documentos. El primero de ellos es el de deportación inmediata. Firmando este papel se reconoce la intención de haber intentado entrar ilegalmente en Israel, lo que va acompañado de una prohibición de acceder al país durante un periodo de tiempo que puede ser de hasta 100 años. Además, implica que no habrá juicio y que la persona firmante será deportada en un plazo máximo de 72 horas.
En caso de no firmar ninguno de los documentos anteriores, se consideraría que la persona es un inmigrante ilegal y perdería la posibilidad de deportación inmediata. Sería entonces llevada a una prisión y posteriormente juzgada. Pero se expondría a un peor trato y su periodo de detención podría alargarse hasta cinco días.
Los ciudadanos que ya han participado en anteriores flotillas y sobre los que pesaría la prohibición de entrar en Israel, como la eurodiputada francesa Rima Hassan, la activista Greta Thunberg o Thiago Ávila, uno de los líderes de la flotilla—, no tendrían la opción de firmar la deportación inmediata. Estas personas tienen altas probabilidades de ser llevados a prisión directamente por un número de días indeterminado.



