Guillermo Altares/El País
Una de las voces más valientes del panorama intelectual global, Pankaj Mishra, dialogó en esta mañana de domingo con una de las voces más sensatas de la literatura actual, Juan Gabriel Vásquez, dentro del Festival organizado por EL PAÍS con motivo de su 50 aniversario. El título del diálogo era ¿Qué salió mal? y no invitaba precisamente al optimismo, aunque sí a la reflexión. EL PAÍS nació en un momento de esperanza, en un país cargado de futuro, y ha alcanzado el medio siglo en una época en la que resulta difícil mirar el panorama internacional sin sentir desasosiego (en el mejor de los casos).
En una sala llena hasta los topes, Mishra (Jhansi, Uttar Pradesh, India, 57 años) habló sobre los temas que ha tocado en sus ensayos —De las ruinas de los imperios, La edad de la ira o El mundo después de Gaza— o en sus novelas —Corre a esconderte—, una obra publicada en español por Galaxia Gutenberg en la que retrata con enorme lucidez el mundo confuso y peligroso posterior a la Guerra Fría.
Donde su voz se ha escuchado con especial fuerza ha sido en la denuncia de la guerra de Israel contra Gaza, un tema sobre el que hablado con coraje en mundo en el que el silencio se ha escuchado con más fuerza que las palabras. Vásquez (Bogotá, 53 años), uno de los narradores más importantes y leídos del panorama literario hispano con obras como Historia secreta de Costaguana, El ruido de las cosas al caer o Volver la vista atrás (todas en Alfaguara), le preguntó precisamente por eso. “Gaza muestra hasta qué punto pueden ir mal que pueden ir las cosas”, señaló Vásquez antes de preguntar: “¿Por qué escribió este libro?”.
Mishra respondió: “Nos encontramos ante la ley de la jungla. Gaza es la demostración más evidente de que el mundo va a estar dominado por la fuerza bruta, por personas que no dudan en humillar o destruir a los que consideran débiles. Gaza ha demostrado hasta qué punto son frágiles nuestras instituciones: han sido destruidas por gente que está dispuesta a defender Israel a cualquier precio. La gente que gobierna Israel está fuera de control, son fanáticos religiosos que buscan expandir sus fronteras en Líbano, Gaza, Cisjordania… Y, sin embargo, son las voces que defienden a los palestinos las que son silenciadas”.
Los dos escritores coincidieron en que vivimos en una época marcada por un sentimiento tremendamente peligroso: el resentimiento. Vásquez preguntó sobre si se puede entender al presidente estadounidense Donald Trump sin ese sentimiento. Mishra replicó que ahí estaba la clave: “Trump se ha convertido en el líder de mucha gente en Estados Unidos que ha comprado su discurso sobre una élite que lo controla todo. Modi [el presidente indio] logró también movilizar el enfado de mucha gente. Las emociones políticas se han convertido en la clave de los cambios que estamos viviendo”.
La extrema desigualdad en la que viven millones de personas —una situación que puede ir a mucho por la guerra de Irán si el estrecho de Ormuz no se abre rápidamente—; la ruptura con las reglas que había dominado el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que se han disuelto como un azucarillo en un mar de violencia y abusones; o la desinformación campando a sus anchas fueron otros temas que surgieron a lo largo de la conversación.
También conversaron sobre la Razón. Vásquez se preguntaba si habíamos llegado al final de la ilustración y explicó que conceptos que han construido lo mejor del mundo en el que vivimos —la ciencia por ejemplo— de repente estaban siendo asaltados desde un poder cada vez más autoritario. Mishra matizó esta afirmación: “Estoy en parte de acuerdo contigo, pero también creo que muchos individuos siguen siendo capaces de razón. Creo que en la mayoría de las tradiciones filosóficas la razón no es independiente de las emociones, no es una facultad que puedas controlar totalmente. La idea de que la razón puede ser manipulada está muy asentada. También hemos aprendido como la razón puede ser manipulada y convertirse en destructora”.
Y también surgió la pregunta esencial ante ese panorama: “¿Qué podemos hacer?”. Mishra situó al buen periodismo entre aquellas cosas que pueden ayudar a que se produzca un cambio de rumbo. “Mucho periodismo lo ha hecho muy mal; pero también hay un periodismo que ha hecho las cosas bien, y creo sinceramente que EL PAÍS lo ha hecho bien por su profundo sentido de la democracia y su defensa de las instituciones”.



