Las familias de los peregrinos y excursionistas extranjeros desaparecidos en el Tíbet, tras las devastadoras inundaciones y desprendimientos de tierra en el Himalaya, el miércoles 26 de agosto de 2026, están exigiendo respuestas claras y mayor transparencia al gobierno de China.
La tragedia, originada por una crecida repentina en la frontera entre Nepal y el Tíbet, ha dejado un saldo masivo de víctimas y mantiene bajo estricto control la información en el lado chino.
Las principales tensiones y demandas giran en torno a la falta de cooperación en identificación. Aunque Pekín ha enviado expertos en ADN a Nepal, diplomáticos extranjeros señalaron que el gobierno chino no ha compartido detalles específicos sobre cómo planea proceder con la identificación de los fallecidos y desaparecidos en su propio territorio.
Medios extranjeros han denunciado, además, que China se ha negado a facilitar los vídeos de seguridad y de reconocimiento facial de su lado del puerto terrestre fronterizo; mientras, las familias y embajadas reclaman estas imágenes como herramientas clave para confirmar si sus seres queridos lograron cruzar o si se encontraban en la zona del desastre.
Bloqueo informativo y censura
Organizaciones como Human Rights Watch (HRW) y grupos de derechos tibetanos denuncian que Pekín ha impuesto un fuerte bloqueo informativo. Se ha suspendido la entrega de permisos para las zonas fronterizas afectadas (como el municipio de Shigatse y el condado de Gyirong) y se ha impedido el acceso a periodistas independientes para entrevistar a familiares.
Mientras que en Nepal los fallecidos superan los 1.300, la agencia estatal china Xinhua reportó únicamente 31 fallecidos y 531 desaparecidos en el Tíbet (de los cuales 261 son extranjeros). Activistas de la Campaña Internacional por el Tíbet acusan a las autoridades de minimizar activamente el impacto real de la catástrofe.
Muchos de los desaparecidos extranjeros proceden de países como la India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá, que se encontraban realizando rutas de peregrinaje o montañismo hacia la región sagrada del monte Kailash.
Lugar de peregrinación
Miles de personas peregrinan a diario al Tíbet. Las autoridades locales y los medios no diferencian entre turistas convencionales y peregrinos religiosos, además, la región recibe flujos masivos de diferentes religiones y nacionalidades.
La inmensa mayoría de este flujo lo componen devotos budistas de origen tibetano y de otras provincias de China. Acuden cada año a realizar la kora (el circuito sagrado de caminata y oración) alrededor de sitios icónicos como el Palacio de Potala o el Templo de Jokhang.
Según datos estadísticos, el Tíbet recibe actualmente más de 55 millones de visitantes al año, en un fenómeno impulsado mayoritariamente por el turismo nacional chino y el llamado “turismo espiritual”.
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