Los constantes cortes de electricidad afectan profundamente la calidad de vida de los venezolanos, alterando directamente el descanso, la salud y la economía familiar.
Mucho se ha escrito sobre el tema, pero saber cómo la crisis impacta al ciudadano de a pie y al entorno local, solo lo puede describir quien lo padece.
En conversaciones con personas extranjeras, radicadas en sus respectivos países, el venezolano intenta explicarles qué es lo que provoca que a diario tengamos que lidiar con “apagones”. Por más que se intente, a muchos les cuesta entender cómo un país otrora rico, hoy en día no es capaz de brindar servicios básicos a su población.
Sin entrar en temas políticos, en breve sondeo entre vecinos y considerando el volúmen de información que se ha publicado a lo largo del tiempo, se llega a la conclusión que la deficiencia en el servicio eléctrico afecta directamente la vida cotidiana, incluso la salud de los ciudadanos.
Calidad de vida y descanso
Personas consultadas destacan que el calor extremo les ha generado insomnio, al no poder hacer uso de ventiladores ni aires acondicionado, durante las horas de descanso, ya que la falta de energía durante las noches puede durar muchas horas imposibilitando el buen dormir, lo que redunda en fatiga crónica y otros problemas de salud.
Es de destacar que las constantes interrupciones, especialmente en estados con índices altos como Carabobo y Zulia, afectan el rendimiento escolar, la concentración y la salud mental de los niños y adolescentes.
Rutina bajo estrés
Vecinos consultados también expresaron que el estrés se ha hecho parte de su día a día, al estar constantemente bajo la expectativa de la “bajada del breaker”. En mi caso, indicó Alexande Tovar, habitante de San Diego, como cocino con cocina eléctrica, muchas veces debo “salir corriendo” a comprar alimentos preparados para mis hijos.
Además de la “afectación al bolsillo», los apagones detienen las bombas de agua, dejando a sectores enteros sin suministro durante días.
La imposibilidad de mantener las neveras encendidas causa la descomposición de carnes, lácteos y otros productos perecederos. A esto se suma el daño de electrodomésticos por las fluctuaciones y bajones repentinos de tensión.
Por otra parte, la inestabilidad del voltaje pone en peligro el funcionamiento de equipos médicos sensibles y altera las rutinas de los pacientes que requieren atención domiciliaria.
Establecimientos como, por ejemplo, las estaciones de servicio también ven interrumpido su normal funcionamiento ante los constantes apagones.
Parálisis comercial
Los negocios, desde pequeñas bodegas hasta el sector industrial, pierden horas de operatividad y sufren mermas económicas, aunque deben seguir cubriendo gastos fijos, alquileres y nóminas.
Por otra parte, las fallas provocan la caída de las redes de telecomunicaciones, el internet y los puntos de venta, dificultando el uso de métodos de pago electrónico o efectivo en la calle.
Los venezolanos en general esperan que la situación con el servicio eléctrico se normalice lo antes posible.
Al haber comenzado la temporada de lluvia se podría vislumbrar una mejora, tomando en cuenta que la represa del Guri (principal central hidroeléctrica del país) en pocos días debería alcanzar el nivel ideal óptimo para generar energía a un 80% del país.
Quedaría entonces esperar a que la acción gubernamental también solvente los problemas con las plantas termoeléctricas, diseñadas para servir de respaldo a las hidroeléctricas, ya que se encuentran en su mayoría abandonadas o fuera de servicio, por falta de mantenimiento y repuestos.
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