Lorena Rodríguez Moreno, una joven de 27 años de Garagoa, Boyacá, ha hecho historia en Colombia al convertirse en la primera paciente en someterse a una cirugía cerebral para tratar la depresión. El procedimiento, realizado el pasado 9 de abril en el Hospital Internacional de Colombia en Bucaramanga, representa una luz de esperanza para quienes luchan contra este trastorno.
Diagnosticada con depresión y ansiedad desde los 17 años, Lorena vivió una década de batallas infructuosas. «Ya lo habíamos intentado todo: terapias psicológicas, cambios de médicos, terapias alternativas, y una larga lista de psiquiatras y fármacos que mi cuerpo terminaba rechazando», relató la joven en una entrevista con el diario Vanguardia. A pesar de los múltiples tratamientos, «nada funcionaba. Me sentía atrapada en un túnel sin salida».
La Última Opción que Cambió su Vida
La situación de Lorena empeoró, llegando a su punto más crítico en diciembre de 2024, cuando una recaída severa le impidió realizar sus actividades diarias más básicas. Fue en ese momento cuando descubrió la existencia de esta cirugía cerebral especializada, una técnica que implantaba electrodos en áreas específicas del cerebro, conectados a una batería en el pecho. Este innovador procedimiento busca regular la actividad cerebral asociada con la depresión.
Durante las seis horas de la intervención, Lorena estuvo despierta, experimentando una sensación transformadora. «Sentía que mi mente estaba siendo reprogramada. Es increíble cómo la ciencia ha llegado tan lejos. Nunca imaginé que el cambio fuera posible», expresó la joven boyacense.
Un «Volver a Nacer»
Apenas tres meses después de la cirugía, Lorena ya reporta cambios significativos y positivos en su vida. Ha recuperado el deseo de realizar actividades cotidianas que la depresión le había arrebatado. Aunque los especialistas señalan que los resultados completos se observarán en aproximadamente dos años, cada pequeño avance es una victoria para ella.
«Volví a querer salir a un centro comercial, a comerme un helado. Volví a maquillarme, a vestirme con ilusión. Es como si me hubieran dado una segunda oportunidad. Es volver a nacer», enfatizó Rodríguez. «Hoy celebro los días buenos. Me siento con fuerzas para estudiar, trabajar, incluso para enamorarme. Cosas que antes ni siquiera soñaba». Su historia es un testimonio de la esperanza y los avances en el tratamiento de la salud mental.
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